Se llama amaxofobia y, a grandes rasgos, se define como el temor obsesivo a conducir un vehículo. En casos extremos, la patología puede causar ataques de pánico, paralizando los movimientos del conductor y poniendo en riesgo su seguridad.

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Etimológicamente, la palabra “amaxofobia” proviene del griego, y es el resultado de la unión de ‘amaxa’ «carro» y ‘fobia’ «temor». Aunque el término es desconocido para muchos y en ocasiones depreciado, la mayoría habrá sufrido sus efectos o conoce a alguien que los padezca. Se trata del miedo o pánico a la conducción y es una patología que afecta, en mayor o menor medida, a más de un 30% de la población, según el último estudio realizado por el Instituto de Seguridad Vial de Mapfre. De este grupo, cerca del 75% son mujeres.

Puede presentarse en distintos grados, hasta el extremo en que esta fobia afecta la vida social del individuo; por ejemplo, evitando salir si no hay alternativas de transporte. Los niveles de ansiedad causados por la amaxofobia pueden variar, siendo en los casos más extremos, manifestaciones de verdaderos ataques de pánico. En otras ocasiones, los individuos que la padecen se quejan de ansiedad, pesadillas y agitación en los días u horas que tienen que conducir un vehículo. En el origen de los mismos está la incapacidad de lidiar con la conducción y con todo lo que esta implica. Atascos, tráfico o condiciones meteorológicas adversas, son motivos para que los que sufren amaxofobia ligera sienta miedo a coger el coche.

Clínicamente, es catalogada como fobia específica o trastorno de ansiedad causado por un miedo irracional a la exposición de objetos o situaciones específicas y, en casos graves, a representaciones. Además de los factores referidos, puede aumentar la ansiedad el miedo por los otros conductores o el hecho de estar transportando pasajeros. En consonancia con el estudio, esta patología es más común en autovías, autopistas o vías donde la velocidad es generalmente superior. Carreteras desconocidas pueden también traer problemas, así como puentes, viaductos, túneles o conducción nocturna.

¿En qué casos es más común la amaxofobia?

Existen tres categorías de personas a los que les afecta más la amaxofobia. El primer grupo es el compuesto por jóvenes o personas que acaban de obtener el carnet de conducir (suponen aproximadamente un 25% de los que padecen amaxofobia). La transición de la autoescuela (donde están acompañados por el instructor) en la conducción del día a día, acaba por generar miedo y ansiedad. En su caso aparece una «obsesiva» preocupación por los demás y no soportan sentirse juzgados por los otros usuarios de la vía. Cuando intentan volver a conducir solos se ponen realmente nerviosos y terminan por dejarlo.

La inexperiencia no es, sin embargo, la principal responsable de la amaxofobia. El mayor número de personas que sufre de esta fobia (cerca de un 60%) lleva más de 5 años al volante, pero por situaciones de estrés vividas en su vida cotidiana o en la carretera, desarrollan síntomas de ansiedad al conducir y acaban por evitar la conducción de manera que, reducen la periodicidad con la que conducen. Después del tiempo, el miedo les lleva a dejar de conducir.

Por último, están aquellas personas que, por haber sufrido una experiencia traumática, como un accidente de tráfico o la pérdida de alguien que conducía, acaban por desarrollar miedo a la conducción. Se instaura en ellos el denominado «Estrés Postraumático». La persona que lo sufre puede pasar por sensaciones como ansiedad, pesadillas antes y después del viaje, sudor de manos, temblor, ideas negativas, irracionales y visualizaciones de accidentes.

¿Cómo superar la amaxofobia?

Similar a las fobias relacionadas con transportes (como el miedo a volar denominado aerofobia), la amaxofobia puede ser tratada mediante terapia con un psicólogo especializado en fobias. Con todo, esta fobia se puede superar. Debemos tener en cuenta que se trata de una fobia vinculada a un hecho en el que existe un riesgo real, el tráfico es peligroso, por lo que curarse requiere tiempo, no es una recuperación rápida.

La escasa divulgación hace que esta fobia no sea reconocida como tal, lo que lleva a muchas personas que la padecen a ignorarla. La primera fase para el tratamiento pasa por el reconocimiento de la fobia por parte del que la sufre.

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