Las bajas temperaturas exigen un mayor esfuerzo del motor, y un fallo en el mantenimiento del líquido de refrigeración o anticongelante pueden hacer que el vehículo sufra.

El líquido refrigerante, como su propio nombre indica, tiene como principal función refrigerar el motor. También sirve para evitar que el circuito del motor se congele, en caso de que el coche se exponga a temperaturas extremas, y por eso se le conoce también como anticongelante.

Sin embargo, el uso de un refrigerante no significa que tu coche no se sobrecaliente. Siempre hay que estar alerta al indicador de temperatura del motor en el cuadro de mandos y reparar la temperatura si sube por encima de 90 grados. En este caso debes dirigirte a un mecánico con urgencia.

Con el mantenimiento adecuado, el líquido asegurará el bienestar del motor, por lo que es muy importante saber cuándo y cómo reemplazar el refrigerante. Se recomienda cambiar cada dos años o 30.000 kilómetros.

¿Cómo cambiar el líquido refrigerante o anticongelante?

1.Consulta el manual del vehículo

El líquido refrigerante es una mezcla de agua con un producto a base de metanol o glicol (comúnmente conocido como anticongelante).

Los anticongelantes se pueden encontrar en diversas concentraciones: 10%, 20%, 30%, 50% o incluso pura. Ese indicador nos dice qué porcentaje de metanol o glicol existe. Por ejemplo, una mezcla de refrigerante al 50%, que contiene 50% de metanol o glicol y 50% de agua desmineralizada.

En el manual del vehículo se encuentra la recomendación del tipo de refrigerante más adecuado para el modelo de coche. Sin embargo, también es necesario tener en cuenta las temperaturas de la zona donde vive.

  • Refrigerante al 10%: eficiente a -5 ° C.
  • 20% de refrigeración líquida: para temperaturas de hasta -11ºC.
  • Líquido de refrigeración al 30%: para temperaturas de hasta -18ºC.
  • Líquido de refrigeración al 50%: adecuado hasta -37ºC.

 

2. Retira el líquido antiguo

Con el motor frío, debes abrir el sistema de refrigeración mediante la apertura de la válvula de drenaje y dejar escurrir bien. Para ello, busca el tornillo, el grifo o el tapón que da acceso al circuito.

Antes de abrirlo, pon un recipiente por debajo para recoger el líquido y evitar que se caiga. Debes dejar que salga todo el líquido y esperar hasta que ya no salgan más gotas.

Es de extrema importancia que no viertas el líquido antiguo por las tuberías de tu casa o en la basura. Llévalo a un mecánico, que se encargará de desecharlo en un centro de reciclaje.

 

3. Lava el circuito de refrigeración

Pon agua en el depósito hasta que dejes de ver la suciedad que sale del circuito. Cuando termines la limpieza, cierra el circuito y vuelve a cerrar el grifo, tapón o tornillo que abriste anteriormente.

 

4. Llena el depósito de líquido refrigerante

Sigue las instrucciones de uso del líquido refrigerante para mezclar el líquido con agua destilada. Algunos líquidos ya vienen mezclados con agua, por lo que es importante leer el folleto antes de usarlo.

Luego, con la ayuda de un embudo, llena el tanque con la mezcla, teniendo en cuenta las marcas de mínimo y máximo.

Cierra el depósito y ¡ya estás listo para circular de forma segura!

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